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El 10 de abril de 1869 en el pueblo de Guáimaro, provincia de Camagüey, se reunió la Asamblea Constituyente de la República de Cuba en Armas para aprobar una Constitución. En el curso de la misma se acordó que se adoptara como bandera nacional la de Narciso López. 1 Este acuerdo lo ratificó la Asamblea Constituyente de 1940, más de 70 años después. En el artículo 5 de la Constitución de 1940 se especifica que la enseña nacional es la bandera de Narciso López. 2 La misma se ha tenido como tal desde hace casi ciento cincuenta años y el gobierno castrocomunista no ha hecho cambio alguno al respecto. Narciso López, nacido en Venezuela, es además del creador de la bandera cubana el organizador de una conspiración y de cuatro invasiones (dos de ellas llegaron a Cuba) destinadas a provocar el cese de la soberanía española en la Isla. Además fue mártir agarrotado por el gobierno colonial y uno de los personajes más conocidos en su época en los Estados Unidos. Sin embargo, este posible héroe es rechazado hoy en día en Cuba, con cierta razón, acusado de ser anexionista y también una especie de protoagente del imperialismo yanqui.
Por demás, ni el personaje ni su época se prestan a juicios maniqueos a rajatabla. De hecho el Prof. Elías Entralgo y Vallina, titular de Historia de Cuba de la Universidad de La Habana y de ideología marxista afirmó que: “[...] los propósitos de López eran vagos y personalísimos, [...] al momento de acometer su empresa no contaba con una solución ciertamente querida.” Otro historiador marxista, Emilio Roig de Leuchsenring, afirmó: “La tendencia anexionista en Cuba representa una fase de la lucha por la libertad y la justicia contra la explotación absolutista española.” 3
Por lo tanto, sería posible que si Chávez y Castro se deciden a constituir Venecuba o Cubazuela intenten rescatar la figura de López como un héroe común.4 Esto se ha vuelto más difícil después del dos de diciembre último, aunque no imposible. Pero en fin, quién fue realmente Narciso López y qué hizo por Cuba.
No se ha escrito todavía una biografía de López que no peque de apasionada o de falta de datos. Los que figuran a continuación son los que, a mi juicio, parecen más acertados y son aceptados por muchos de los investigadores que se han dedicado al estudio de las actividades del general López en Cuba y en los Estados Unidos 5
Su nombre completo fue José Narciso de la Concepción López y Urriola (u Orriola). Se le conoció siempre como Narciso López. Nació en Caracas el 29 de octubre de 1797. Provenía de una familia de hacendados criollos. Al estallar las guerras independentistas en Venezuela su padre vendió la hacienda familiar y trasladó a la familia a Caracas. Se dedicó entonces al comercio. En 1814 padre e hijo se encontraban en Valencia del Rey (ciudad favorable a los insurgentes) en asuntos de negocios, cuando llegó la noticia de la derrota de Bolívar en la batalla de La Puerta. El Libertador ordenó a los valencianos resistir y les prometió su pronto auxilio. Este nunca llegó. Tras una feroz resistencia los realistas tomaron la ciudad y masacraron a muchos criollos, entre ellos al padre de Narciso López. Este se consideró traicionado por Bolívar y decidió, paradójicamente, incorporarse a los asesinos de su padre.
Ingresó adolescente en el ejército realista que mandaba el general Francisco Tomás Morales y ascendió grado a grado hasta el de teniente coronel.6 Al ser derrotados los realistas en Maracaibo en 1823, López se embarcó con Morales rumbo a Santiago de Cuba. Tras una breve estancia en España regresó a Cuba en 1825. En este año contrajo matrimonio con Dolores Frías y Jacott, hermana del conde de Pozos Dulces, criollo liberal, rico y dueño de esclavos.
En 1827 fue trasladado a España y en 1833 se declaró a favor de Isabel II y combatió a los carlistas en el norte de la Península. Fue considerado como “la primera lanza” del ejército liberal, si bien se ha dicho que aunque poseía un valor rayano en la temeridad “carecía completamente de cabeza para dirigir una columna”. De hecho perdió una batalla importante frente a los carlistas. Sin embargo, en términos generales su hoja de servicios era más que aceptable. Fue ascendido a brigadier en 1836 y a mariscal de campo (general de división) en 1839. Entonces se le designó además gobernador militar de Valencia cuya labor desempeñó satisfactoriamente. En esos años también fue nombrado senador por designación de la Corona en representación de Sevilla. Resultó ascendido a general de cuerpo de ejército en 1840. En ese año apoyó el movimiento que llevó a la regencia al general Baldomero F. de Espartero, líder de los llamados progresistas. Entre los generales que apoyaron al nuevo regente se encontraba Gerónimo Valdés, antiguo jefe de López. Al ser designado Valdés Capitán General de Cuba se llevó para la Isla a Narciso López. Fue entonces nombrado gobernador del Departamento Central de la Isla, con sede en Trinidad. En octubre de 1842, pasó a la presidencia de la Comisión Militar Ejecutiva y Permanente, tribunal de excepción dedicado a perseguir al bandolerismo y las actividades anticolonialistas.
Leví Marrero, lo describe como: “hombre apuesto, jinete excepcional, agradable en su trato con las gentes y admirado por oficiales, clases y soldados que conocían su excelente hoja de servicios. Narciso López poseía indudables condiciones de caudillo”.i[11] Sin embargo, su carrera político-militar bajo la égida española se terminó en 1843 cuando el general Narváez consiguió hacerse con el poder y reemplazar a Espartero. Los “moderados” designaron Capitán General de Cuba a Leopoldo O′ Donnell. Este prontamente destituyó a López de todos sus cargos y como militar lo dejó en situación de cuartel o reemplazo, es decir, con grado pero sin mando y con la paga mínima. En esta coyuntura Narciso López decidió quedarse en Cuba y dedicarse a distintos negocios: una panadería, un tejar, un ingenio, y en todos fracasó. Se dice que hubo de declararse en bancarrota. Vivió en Vuelta Abajo donde intentó fomentar un cafetal en las tierras de los Frías, parientes de su mujer. Residió en Las Pozas, Pinar del Río, entre 1844 y 1845. En estos años —entre 1843 y 1846— realizó igualmente numerosos viajes por el occidente y centro de Cuba y se hizo de muchas amistades tanto dentro de los criollos como de los militares españoles de ideas liberales. No se sabe exactamente cuándo López comenzó a pensar en la separación de Cuba y España. Leví Marrero mantiene que inició su labor conspirativa en 1845. i[12] Por entonces López explotaba una mina en San Fernando de Camarones, cerca de Cienfuegos. Por ello la conspiración se llamó la Conspiración de la Mina de la Rosa Cubana.
Paralelamente a esta labor conspirativa del general se había constituido en la capital del país el Club de La Habana. Este era una verdadera sociedad secreta formada por ricos propietarios, especialmente de ingenios, capitalistas, financieros y profesionales e intelectuales bien relacionados. Su finalidad era la separación de Cuba y España preferentemente mediante la anexión a los Estados Unidos, gracias a una guerra relámpago realizada por mercenarios extranjeros, pues temían que la incorporación a la lucha de negros y mulatos pudiera producir la pérdida de sus propiedades y los horrores de un segundo Haití.
A principios de 1848 López entró en contacto con el susodicho club. Se pusieron de acuerdo para que el general aplazara el inicio de un alzamiento previsto para mayo de ese año hasta que llegara a Cuba el general estadounidense William J. Worth con tropas mercenarias veteranas de la Guerra de Méjico. El Club de La Habana a través de sus agentes en los Estados Unidos informó al presidente James K. Polk de los planes de López. Polk delató el movimiento de López a las autoridades españolas. Avisado a tiempo, Narciso López logró huir y refugiarse en los Estados Unidos. Aquí comienza su increíble carrera política en los territorios de la Unión.
Puede decirse que entre 1850 y 1851 el general López organizó 4 expediciones desde Estados Unidos destinadas a la finalización de la soberanía española en Cuba. Dos fueron frustradas por el Gobierno federal 9 y dos llegaron a la Isla.
La primera arribó a Cárdenas, Matanzas, el 19 de mayo de 1850. Tras conquistar la pequeña ciudad, López comprobó que prácticamente nadie se había unido a sus tropas que, además, carecían de artillería y caballería. No pudiendo hacer frente a los refuerzos españoles reembarcó a sus hombres y llegó casi de milagro a Cayo Hueso. El barco de guerra Pizarro estuvo a un cuarto de milla del buque de López. A pesar de la derrota y de la oposición del Gobierno federal10, López desembarcó nuevamente en Cuba con otro pequeño y variopinto ejército en El Morrillo, cerca de Las Pozas (donde el general había vivido) en los alrededores de Bahía Honda, Pinar del Río. Tras derrotar dos veces a las fuerzas españolas muy superiores en número y armamento, fue vencido por estas; nuevamente no se le unieron elementos de la población, sino que muchos guajiros lo delataron a los españoles. Capturado en Pinos de Rangel fue agarrrotado en la explanada de La Punta, La Habana, el 1 de setiembre de 1851. Se dice que al morir exclamó: “Mi muerte no cambiará los destinos de Cuba”.
Al juzgar la figura de Narciso López hay que comenzar por situar al movimiento anexionista (nunca fue un partido político en el sentido moderno del término) dentro de los parámetros de la época. Creo que a muy pocos cubanos de hoy en día le atraiga la idea de la anexión de Cuba a los Estados Unidos, pero las cosas no eran así en la primera mitad del siglo XIX. Leví Marrero opina que: “El anexionismo fue el más complejo de los procesos políticos del período colonial de Cuba, y el que, juzgado desde nuestra época aparece como el más equívoco y contradictorio’’.11 Por su parte el maestro Ramiro Guerra y Sánchez mantuvo que antes del “[...] año 1849 [...] la anexión se consideraba todavía una solución honrosa [...].12 Fueron los escritos de José Antonio Sacoiii[13] quienes “[...] a la larga acabaron por hacerla odiosa y repugnante al sentimiento cubanoiv[14] [...].
” Así y todo en 1868 la Asamblea Constituyente de Guáimaro (y antes Carlos Manuel de Céspedes a título personal) pidieron la anexión de Cuba a los Estados Unidos.v[15]
¿Cómo explicar que una generación después de las obras de Saco ya citadas y dos tras las prédicas independentistas del P. Varela, la idea de la anexión todavía sobreviviera? Dos historiadores contemporáneos, uno de ideas democráticas, Leví Marrero, y otro marxista, Manuel Moreno Fraginals, explican esta rara supervivencia.
Leví Marrero aclara que Camagüey (donde está enclavado Guáimaro) era una región en la cual se admiraba a los Estados Unidos por el gran número de jóvenes de la élite principeña que se habían educado en dicha nación. Específicamente afirma Marrero: “Por lo anterior podemos considerar más como un propósito político extemporáneo y erróneo, que como un empeño económico egoísta, la solicitud [de anexión] presentada el 6 de abril de 1869”. La Cámara la aprobó y fue enviada a José Morales Lemus, representante oficioso de la Revolución en los Estados Unidos. Este nunca la transmitió al Gobierno americano pues sabía que Hamilton Fish, Secretario de Estado de Grant, era contrario a entenderse con los cubanos revolucionarios.vi[16]
Moreno Fraginals, por su parte afirma: “La palabra antiimperialismo, en su sentido moderno, no existía todavía en el vocabulario revolucionario hispanoamericano. Estados Unidos seguía siendo un símbolo de democracia y libertad en América, desde Sarmiento en la Argentina hasta los cubanos en Armas”.vii[17]
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