


En estos tiempos de absoluto conformismo resulta extraño hallar una obra tan valiente. Tiempos en los que tantos cuentistas oscilan entre variantes de Cortázar o imitaciones de Carver. Obviamente Sáez de Ibarra posee influencias, como la narrativa fracturada de Peter Handke, pero sabe transformarlas para crear una mirada propia cuya exposición resulta prioritaria, por encima de la acostumbrada nitidez de la historia y del reinado de la sucesión de los hechos. La valentía también se extiende al contenido: Sáez de Ibarra no oculta en absoluto la dimensión política de su literatura, nítida pero difícilmente ajustable a las ideologías convencionales. Aparece a veces de forma obvia, como en el relato dedicado a Palestina y en otras ocasiones de manera implícita, en la simple actitud de los personajes o en los muy distintos quiebros de los narradores.
Posee un absoluto dominio de múltiples recursos y perspectivas, que abarcan desde la primera persona hasta el difícil narrador testigo. También utiliza miradas imparciales y lejanas, donde usa la intertextualidad para crear obras que oscilan entre lo gráfico y lo puramente literario. Porque una zona considerable de “Mirar al agua” muestra el intento, condenado a un hermoso fracaso, de convertir en palabra los logros de diversos artistas o tendencias plásticas. Sin embargo, gracias al atrevimiento del autor, temas universales, narrados cientos de veces, como una simple tentativa de suicidio, adoptan una perspectiva sumamente distinta y esclarecedora. Es decir, la imposibilidad de convertir en palabras la imagen concede la entrada en territorios desconocidos. Lo que no se puede afirmar de casi ningún libro.
La calidad de página de Sáez de Ibarra es muy poco común. Es siempre capaz de hallar el ritmo más conveniente y el registro más adecuado, no tanto para la historia, ni siquiera para los sentimientos de los personajes, sino para ese oscuro mensaje que habita tras sus palabras. Oscila desde la crispación de la frase más corta a la urgencia del reportero, del expresionismo más cargado al testimonio, pleno de normalidad, de cotidianeidad -aunque sutilmente modificado para que encaje con los fines del autor- de un simple educador, ajeno a cualquier experiencia literaria. Lo elevado de su estilo se aprecia en detalles aparentemente triviales, como la soltura con la que consigue narrar meses, incluso años, en muy pocas líneas. Así ocurre en uno de los relatos más convencionales, el titulado “Una ventana en vía Speranzella”. Consigue, incluso, narrar en paralelo el lento movimiento de las plaquetas y los glóbulos y la expresividad de los objetos que rodean el suicidio, o tentativa de suicidio, de un hombre. Lo escrito no debe llevar a la conclusión de que nos encontramos ante una exhibición puramente formal. Sáez de Ibarra también domina el fondo, la construcción de sentimientos. Posee una gran habilidad para crearlos a partir de las descripciones de simples movimientos. También para mezclar el periodismo, la historia y la ficción, jugando con los estrechos límites que separan a cada una de las disciplinas, convirtiendo hechos como la muerte de Rachel Corrie por los bulldozers israelíes, gracias a la aparición de lo más íntimo, vedada por naturaleza a los otros géneros, en auténticas obras literarias.
Además -como parece obvio por todo lo expuesto- es un libro unitario. Un ejemplo de lo que debe ser un libro de relatos y de las causas que justifican su existencia. Una obra guiada por una intención tan nítida como las que poseen –o suelen poseer- las mejores novelas y, sin embargo, dotada del don de la variedad y de la capacidad para contemplar el mundo desde perspectivas sumamente distintas.
Nacido en Madrid. Licenciado en Derecho. Máster en Edición y en Creación Literaria. Autor del libro de relatos Pendiente y del manual de técnicas de escritura Cómo escribir un relato y publicarlo. Profesor de la Escuela de Letras en cursos de relato, narrativa y lectura profesional. Lector, editor y corrector en numerosas editoriales. Miembro del colectivo La tormenta en un vaso. Colabora con el diario ABC y con numerosos blogs y publicaciones. Es creador del blog www.lalinearecta.blogspot.com.