

Si yo digo que Gastón Baquero, autor de un libro de poemas, Memorial de un testigo, es inteligentísimo, quizás no se interprete bien mi juicio. Porque yo no quiero decir que el ingeniero y periodista cubano Gastón Baquero sea, además de un hombre, un amigo generosísimo (pero esto es otra cuestión aunque también importantísima), sea un poeta. Además de muy inteligente y, como añadidura, poeta. Sino todo lo contrario. Su "además" es el ser tan inteligente, tan inteligente que podría haber sido músico, científico, inventor, filósofo o lo que ustedes quieran. Pero lo primordial, su raíz es el ser poeta. De ella vino y a ella vuelve y volverá cuantas veces se le antoje. Sin embargo, no es inútil que yo lo defina entre los poetas de extraordinaria inteligencia porque ya esclarece de antemano su naturaleza para los que no conozcan su obra. La cual por fuerza ha de respirar cultura, responsabilidad mental, profundo juicio, aunque también abra sus venas al viento de la fantasía. Porque ventana se deriva de viento, aunque de puro usar la palabra lo hayamos olvidado.
Se ha dicho que la poesía de Gastón Baquero, la de este libro Memorial de un testigo es realismo mágico. No sé hasta qué punto sea exacto. Aparte de que lo de realismo mágico ya se usó para denominar una pintura que hace más de cuarenta años pretendía descubrir un océano que resultaba un angosto y aseadísimo mediterráneo, tomándolo de nuevo al pie de la letra, significaría que parte de la realidad y se aleja hacia la magia. Y es enteramente lo contrario, por fortuna. A mi entender, la poesía de este "Memorial" o "Testimonial" brota de la más libre fantasía y desemboca en un cuento, en un suceso casi periodístico, en eso que los franceses llaman un hecho diverso. Sus poemas son hechos, nos impresionan por lo acaecido y no sólo por la zona de lo inconsciente o lo subconsciente sino en la realidad de lo tangible. Ni el poeta ni su lector tienen la culpa de que la realidad, lo que pasa, lo eventual sea a un tiempo tan real y tan, por decirlo con término muy al día, tan absurdo, tan inverosímil o, si se quiere tan desmentible, tan imposible, tan mágico.
Gastón Baquero no inventa este modo de poetizar. Sin ir más lejos, lo encontramos en los poemas maravillosos de la última etapa de Luis Cernuda. Y lo volvemos a hallar en los últimos libros de José Hierro. Hay, sí, un grado más de fantasía, en el sentido musical, romántico-hoffmannesco-juanpaulino de la palabra en las creaciones extraordinarias de Baquero que, si estuviesen un poco más asistidas del ritmo nos dejarían absolutamente convencidos de su vivida realidad, realidad de poeta en su poema. Discriminar más adentro y con mayor delgadez los matices de lo un poco en bruto, estoy diciendo, me llevaría mucho tiempo y ha de quedar para mejor ocasión.
Ahora conviene volver a releer una vez más la rica suite de poemas de este "Memorial" y dar crédito a su poeta, a su soñador, recordador, inventor o testigo. Basta que él lo diga como lo dice -con tanto talento como emoción acumulada, para que le tengamos que creer. Si la poesía es acto de fe, y no puede ser otra cosa en la comunicación de poeta y lector, creamos a Gastón Baquero a pie y juntillas. Lo mismo cuando nos asegura en su primera delicia o poema, multiplicándose en el tiempo y en los tiempos que
Cuando Juan Sebastián comenzó
a escribir la Cantata del Café, / yo
estaba allí:/ llevaba sobre sus hombros,
con la punta de los dedos,/
el compás de la zarabanda.
Para asegurar a verso seguido que,
Un poco antes, / cuando el siñorino Rafael subió a pintar las cameratas vaticanas / alguien que era yo le alcanzaba un poquito de blanco sonoro bermejo, / y otras gotas de azul virginal, mezclando y atenuando, / hasta poner entre ambos en la pared el sol parido otra vez, / como el huevo de una gallina alimentada con azul de Metilene. /¿Y quién le sostenía el candelabro a Mozart, / cuando simboliteaba (con la lengua entre los dientecillos de ratón) / los misterios de la Flauta y el dale que dale al Pajarero y a la Papagina?) / ¿Quién, con la otra mano, le tendía un alón de pollo y un vasito de vino?
Gastón Baquero ha sabido descubrir el secreto de la magnolia que nace de su magnolio exclusivamente para Betina y luego regresa a su soledad. Y el del destino de Rilke contemplándole retratado en su niñez y ha sabido trazar la hermosamente disparatada genealogía de Dylan Thomas. Sí, hay muchos poetas, muchos músicos en la poesía de Baquero. Pero es porque los poetas son los supremos testigos, los menos desmemoriados memorialistas. Como los músicos, son los abolidores del tiempo, los que lo alisan y lo doman y nos lo entregan mágico y puro en los barrotes de los pentagramas.
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