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La tolerancia, que después del derrumbe de Europa Oriental, fue una concesión necesaria, primero ideológica y luego económica, a la extemporaneidad que merodeaba la configuración de la política cubana, sobrecogió, como adolescentes sorprendidos en su primer acto impúdico, a los artistas e intelectuales cubanos al insinuar en un guiño irrespetuoso, el spectrum grisáceo en el que suelen arropar el "ojo del mal" para la creación. Al removerse su torre de marfil y mostrar su parecido a un castillo de naipes al viento, se agitaron desde el sepulcro espiritual las voces de los muertos y los vivos avizorando una resurrección.
Las misivas de réplicas que agitan Enero del 2007 despiertan alarmantes y alentadoras nubes por el vapor conspirativo o disidente que irradian perpendicularmente al punto neurálgico de la producción artística e intelectual en Cuba: los posibles derroteros de permisibilidad de la política cultural cubana y los augurios para los artistas e intelectuales.
Aún los más escépticos esperaron curiosos un renacer en la voz de estas letras espontáneas, alzadas impetuosas contra las resonancias de un clarín demasiado familiar para no detenerse a escucharlo. Listos a defender sus "ganadas libertades" esgrimieron su arma más potente al ejercer el protagonismo inconsulto y al margen de los canales oficiales, para emprender acciones de lo que son: el emblema de las artes y la creación en Cuba con lo que tienen: la capacidad de expresar desde el agónico sentir de la creación un discurso intelectual o artístico comprometido con lo que siente y que le ha sido negado decir.
Con el poder que han tenido dentro de la institución, de la cual han sido por mucho tiempo juez y parte, los intelectuales y artista en Cuba arremeten sus críticas contra "los peligros de inadecuados procedimientos de la política cultural". Intentando llevar la iniciativa de un diálogo abierto y franco entre antiguos y posibles nuevos verdugos y ajusticiados, acuden a sus propias y viciadas estructuras para recrear el soliloquio que a "puertas cerradas" se debate públicamente con la inconfesable pero implícita revelación de delimitar nuevamente que entender por "todo o nada".
Con más de lo mismo, someten la crítica en el refugio de un consolador discurso contestatario que arremete contra las instituciones, órganos y personalidades públicas de la palestra y deja intacto el artificio de la política cultural para alternar el sortilegio entre la contención sutil y la violenta represión.
La insipiente onda emisora (con mucha resonancia hacia el exterior y prácticamente ninguna, al margen del selecto grupo involucrado, al interior del País) ha sido una levantisca de aires libertarios, remachada como en clavo en la cruz por la interferencia de la amnistía mutua que sella la partida entre victimas y victimarios de la "Pontificia" Política Cultural de la Revolución.
Quizás el terror por el pasado o la cómoda postura del presente les impidió una consecuencia última para apostar por el futuro de las propias libertades que prestamente salieron a defender. Ingenuidad, mala fe o trivialidad; lo cierto es que erraron el blanco de la artillería. La culpa con nombres pero sin fin, exime la responsabilidad de nombrar un freno al jolgorio en que la política se vuelve permisible o no a las libertades que van más allá del arte y la creación intelectual. Cuando los artistas e intelectuales salen al menos a defender públicamente el respeto a sus derechos para expresarse, entrando en el escenario no instituido del "poder de los sin poderes", deja al desnudo el carácter manifiestamente totalitario de un discurso político que excluye los derechos cívicos de la sociedad, configurando las formas en que esa política ejerce el control absoluto, tras el camuflaje de sus instituciones y órganos estatales.
El diálogo abierto y franco desde la institución, para lograr el respeto a las garantías que ha ofrecido a la creación artística y literaria a partir de la década del 90 hasta la actualidad, es otra capa de silencio con que se insulta a los artistas e intelectuales que tanto fuera como dentro de Cuba han padecido el hostigamiento de la política cubana y un "espaldarazo" a la libertad y a los derechos cívicos de la sociedad para expresarse e interactuar sin consonancia al límite que esta impone.
Mientras la sociedad se hunde en el oscurantismo del control férreo de la institucionalización acelerada por la incierta permanencia del "Gran Ideólogo", los intelectuales y artistas en Cuba concentran sus discursos en un parlamento que parte de reconocer las propias estructuras que alternan el diálogo y la represión para protegerse en sus nichos contra el poder absoluto. Sin la rúbrica por los ideales que pudieron deslumbrarlos en el momento de mayor apogeo revolucionario o el estigma como grupo que padecieron en las décadas de mayor acoso; la postura de vanguardia del único sector que tiene acceso real a los medios de comunicación, es una pose caricaturesca que solo alcanza a proteger en el "diálogo abierto y franco" que tanto pregonan, a los más selectos miembros del clan reconocidos por antigüedad o incondicionalidad. Entre tanto, el muerto oscuro del cadáver de "Palabras a los Intelectuales" pasta en el infértil y arraigado terreno de la política cultural cubana, dejando sin luz las "Palabras de los Intelectuales" en Cuba que van regando una estela de constricción social y abandono a su suerte de los destinos de la nación cubana, sin que regenere la voz insurgente del pensamiento en Cuba contra su "todo poderoso" orden totalitario.
Licenciada en Filología y Sociología. Ha publicado en algunas revistas e impartido conferencias en Cuba y México.
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Imagen de portada:
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Lorenzo Mena